información sobre la película la mascota de la reina

(CNN) — En el momento en que Isabel II, la monarca que mucho más tiempo reinó en la narración de Enorme Bretaña, murió este jueves a la edad de 96 años, no solo dejó atrás a su nación ahora los integrantes de su familia: asimismo a un conjunto de compañeros caninos.

2018, última generación de perro corge en el Palacio de Buckingham

El corgio galés es una raza cuyos orígenes se remontan lejísimos en el tiempo, y es prácticamente vieja como nuestra monarquía británica, en el momento en que los visigodos desembarcaron en Gales en el siglo IX. El primer ejemplar de la extendida lista de perros acogidos por Isabel II era hembra y se llamaba Susan. Entonces su número alcanzó la treintena a lo largo de prácticamente setenta años del reinado de la monarca. La prensa inglesa asegura que estos individuos de 4 patas son los únicos a los que les está tolerado correr con plena independencia por todas y cada una de las habitaciones y estancias de palacio y que, además de esto, han de ser tratados con bastante respeto. A lo largo de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, la reina logró su aparición acompañada de ciertos de sus corgios. El corgi es un perro de raza pequeña, unos 35 centímetros de altura, pesa 12 kilogramos y tiene un pelaje despacio. El cariño de la reina inglesa por esta raza de perros convirtió a su pedigrí en propio de sofisticación. Su pequeño tamaño le transforma en perfecto para vivir en pequeños pisos. En el mes de abril del 2018, la familia real británica dio por extinguida la estirpe canina que acompañó a la reina británica desde el día en que su padre la obsequió con Susa, un bello cachorro corgi que fue el comienzo de una dinastía que acabó en el momento en que fue sacrificado Willow a consecuencia de un cáncer. Fue sepultado en los jardines de palacio. Holly, Monty y Willow se llevaron toda la atención a lo largo de la liturgia de apertura de los Juegos Olímpicos londinenses. En el momento en que el príncipe Harry presentó a su novia a la abuela real, los corgios estaban allí para ofrecer su aprobación. Pero, al revés que con la molesta práctica que tenían los perros de ladrar de manera compulsiva a los convidados reales, en esta ocasión fue diferente. “A mí llevan 33 años ladrando y llega de súbito ella y no hacen mucho más que sentarse a sus pies”. Lady Di se refería a los perros de la reina como la alfombra errante, en tanto que siempre y en todo momento se adelantaban a la aparición de su majestad. Se conoce que en el palacio de Buckingham existía la habitación de los corjes. Un lugar de recreo y expansión para los perros con camas altas a prueba de corrientes de aire y platos de plata donde les servían el solomillo o el conejo.

Willow tenía 14 años y murió de cáncer. Para evitarle los dolores socios a un cáncer terminal, Isabel II autorizó a su veterinario a fin de que lo durmiese finalmente. La dinastía corgio de la reina británica había llegado a su fin. Vulcan y Candy son los últimos perros que viven en palacio, y son 2 ejemplares de la raza dorgis, un cruce de corgi y dachshund. Si en el 2007 la corte canina de la reina ascendía a 14 perros, la cifra fue mermando conforme avanzaba la edad de la monarca. Esto fue atendiendo al consejo de sus médicos para eludir un viable tropezón gracias a la correa juguetona de los perros. Está documentado que los perros dorgis, antes que animales de compañía, sirvieron como pastores que sostenían a raya a las ovejas a partir de ladridos y pequeños bocados en las patas del ganado. Esa práctica fealda jamás la perdieron con su domesticación. En 1991 la reina se transformó en un daño colateral mientras que procuraba poner paz en un encontronazo de sus mascotas. Recibió tres mordeduras en la mano izquierda. En exactamente la misma guerra canina, su chófer real, John Collins, debió ser vacunado contra el tétanos tras llevarse la peor parte. Entre los usados de la reina, fatigado de que los animales lo roeran constantemente en el momento en que les daría la comida, decidió ofrecerle un escarmiento a Phoenix, uno, haciéndole una mezcla de ginebra y whisky. Parece ser solo pretendía hacerle una broma, pero el tema se le fue de las manos y el corgio terminó fallecido, y el usado despedido fulminantemente por su majestad. Susan, el primer ejemplar de su dinastía, fue la primera que hirió a un usado de palacio tras morder al solicitado de los relojes reales. Desde el momento en que entró en sus vidas, la reina Isabel les acompañaba a pasear por los jardines de palacio, los llevaba de vacaciones a su casa e inclusive le prosiguieron en la luna de miel. En la tumba puesta en los jardines del palacio de Buckingham hay un epitafio que despide a Willow, el último de la dinastía de los corgios que acompañó a la reina Isabel desde el momento en que deseaba una pequeña: “Un leal compañero de la reina”.

Dumbo

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