historia de lealtad de una mascota a su amo

Un factor singular del paisaje de ciudades como Trujillo son los perros, animales nobles que acompañan al humano desde el instante en que dejaron de ser lobos. Hay perros que viven con todas y cada una de las comodidades de un hogar, pero hay otros privilegiados que se revolcan en la independencia de la calle.

Hachiko, el perro leal

La película cuenta la narración de un instructor universitario que adopta un perro descuidado y se crea una amistad profunda entre los dos… donde el cariño incondicional y la lealtad se transforma en la historia primordial de la vida. Pero la historia rompe el corazón a alguno…

Cada día, el perro iba a recibir a su amo en la estación de ferrocarril de Shibuya en Tokyo. Al regresar del trabajo este hombre estaba a su perro que le aguardaba para lograr regresar juntos a casa.

Hachikō en la civilización habitual

La narración de Hachikō se plasmó en la enorme pantalla por vez primera en la triunfadora película de Japón de 1987, llamada Hachiko Monogatari, apuntada por Seijirō Kōyama .

Pero el perro se realizó aún mucho más habitual en el momento en que la crónica de un dueño y su perro leal sirvió como razonamiento para Hachi: A Dog’s Tale (Siempre y en todo momento junto a ti, Hachiko), una pelo película estadounidense apuntada por Lasse Hallström y interpretada por Richard Gere.

Jack de Swansea

La valentía se encuentra dentro de las virtudes que siempre y en todo momento han caracterizado a los perros y la narración de Jack indudablemente, en exhibe. Era un perro negro de raza Retriever que vivía con su dueño, en Gales, a lo largo de la década de los 30. Hasta aquí su crónica no posee nada de extraño. No obstante, una tarde de junio de 1931 todo cambió.

Canelo

Esta historia empieza a fines de la década de los 80 y es la crónica de un perro alguno con su amo, una de esas historias que podemos consultar en cualquier esquina de alguno localidad. Canel era el perro de un hombre que vivía en Cádiz. Una mascota que proseguía a su amo allí donde estuviese. Este hombre anónimo vivía solo, con lo que el buen perro era un leal amigo y su único compañero. La compañía y el cariño mutuo les hacía cómplices en las miradas e inclusive en los movimientos. Cada mañana se les podía ver juntos caminando por las calles gaditanas. Una vez a la semana se desviaban del paseo frecuente para ir al Hospital Puerta de Mar. Su dueño tenía un inconveniente renal y una vez a la semana se sometía a régimen de diálisis. Por supuesto, como en el hospital no podían ingresar animales, Canelo se quedaba aguardándole en la puerta. Tras múltiples horas de régimen, recogía Canelo y volvían a casa. Esta era la rutina que habían cumplido a lo largo de un buen tiempo.

Deja un comentario