duelo por la muerte de una mascota en niños

Para los pequeños, las mascotas forman parte de la familia. Las sienten como parte miembro y importan para ellos. Los pequeños tienen enorme conexión con sus mascotas, las sienten como amigos, como hermanos ‘pilosos’. Son indudablemente sus compañeros mientras que medran. Hay indagaciones que aseguran que los pequeños en edades comprendidas entre 6 y 13 años entienden que las mascotas viven poco tiempo en comparación con la gente.

Pero pese a ser siendo conscientes de ello, el mal frente a la pérdida de una mascota puede ser tal que sientan renuncia a admitir su marcha. Tus hijos te van a preguntar por qué razón no tienen la posibilidad de regresar a conocer a su mascota. Además de esto, los pequeños que padecen la pérdida de su mascota de manera traumática o inopinada, es mucho más bien difícil conciliar los sentimientos de pérdida.

Qué llevar a cabo si la mascota de su niño muere o es sacrificada

  • La sinceridad es la mejor política en el momento en que se enseña la desaparición de una mascota a su hijo, pero hace ser útil un lenguaje correspondiente para la edad de su hijo.
  • Honore la memoria de su mascota al realizar un álbum de recuerdos o a través de un servicio funerario conmemorativo.
  • Hable con el médico veterinario sobre la obtención de las cenizas de su mascota y enterrarlas.
  • Pregunte a su médico veterinario sobre los monumentos que él o ella logren prestar, como realizar una impresión de la pata como un recuerdo para su hijo.
  • Para contribuir a su hijo enfoque su atención a recuerdos contentos, distribuyendo historias entretenidas sobre su mascota y enmarque una fotografía de su hijo con su mascota.

Reacciones de los mayores frente la desaparición de una mascota

Un de los mayores temores de los mayores es transmitirle a un hijo la desaparición de su mascota. Podemos destacar que la desaparición de una mascota es frecuentemente la primera experiencia directa que tiene un niño con la desaparición. De ahí que, es esencial accionar apropiadamente, en tanto que la primera muerte que vive el niño establece en buena medida de qué manera va a vivir el resto muertes que se generen durante su historia.

Con frecuencia la primera reacción de los mayores es reemplazar a las mascotas. Asimismo es recurrente que le cuenten al niño historias sobre un viaje, o que procuren una mascota supuestamente afín y la hagan pasar por la vieja, contando al pequeño patrañas piadosas como estuvo en la peluquería, etcétera. Este modo de esconder la desaparición al niño frecuenta confundir al menor, con lo que es conveniente enfrentar el hecho explicándole la realidad.

Empatiza con la situación

Ponte en su ubicación. Los pequeños en varias cosas actúan como mayores. Si la mascota ha fallecido tras una extendida patología, indudablemente la desaparición es mucho más simple de admitir que si ha fallecido tras un incidente.

Presta atención pues charlamos de aceptación, no de mal. La pérdida duele de cualquier forma, pero en el momento en que un niño sabe que la mascota está enferma, el deceso es previsible.

Los rituales importan

Los rituales se usa para efectuar una transición, para prepararse y despedirse. En la situacion de los pequeños, esta práctica puede ser redactar una carteta, efectuar un dibujo, contar cuentos o recuerdos, o lo que sea mejor para el niño.

En ciertos casos, al procurar eludir el mal de los mucho más chicos, los mayores proponen o empiezan a buscar otra mascota para la familia. No obstante, hay que comprender que ese perro o animal era único y particular. De ahí que, asimismo hay que ofrecer sitio al luto. En cambio, como una manera de alzar el ánimo a los pequeños, es viable meditar en algún chato plus. Por servirnos de un ejemplo, se puede efectuar una noche de pijamada o una tarde de películas. Este espacio no solo deja comunicar y atravesar juntos ese instante amargo, sino asimismo posibilita la expresión de las conmuevas y el diálogo.

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